jueves, 8 de septiembre de 2011

La Pedriza del Manzanares (1)


El macizo de La Pedriza del Manzanares, inserto en el corazón de la Sierra del Guadarrama, en el Sistema Central y perteneciente a la Comunidad de Madrid, es hoy día un lugar de visita  y de parada imprescindible para todos aquellos que quieran tener un conocimiento adecuado de los paisajes naturales de esta sierra en concreto y de la Comunidad de Madrid en general.

En la actualidad, cualquier visitante puede recorrer las veredas, caminos y pistas forestales, debidamente acondicionadas y señalizadas, de este paraje natural sin parangón con el resto de la Sierra del Guadarrama con las comodidades que la protección actual por parte de las autoridades regionales permite. Sendas minuciosamente señalizadas, mapas al pie del camino que nos indican el lugar exacto en el que nos encontramos, miradores con postes informativos en el que se incluyen fotos del horizonte montañoso con los nombres de los picos y las zonas más emblemáticas que desde dichos miradores pueden contemplarse, una carretera que nos lleva desde la entrada en el macizo montañoso, a las afueras de Manzanares el Real y donde se ha instalado el Centro de Educación Ambiental, que asciende hasta los aparcamientos situados al comienzo de la Pedriza Posterior, donde se encuentran, además de los aparcamientos, chiringuitos para que el visitante pueda avituallarse para seguir el camino o simplemente disfrutar de una comida al aire libre en la contemplación de un paisaje que nada tiene que ver con el de la ciudad, de la que la mayoría de los visitantes provienen.

Porque ahora, con este tipo de vías de comunicación, no es necesario que el visitante a la Pedriza posea una forma física mínimamente aceptable para subir hasta ese punto, sino que hasta allí se dirigen, sobre todo los fines de semana, una gran cantidad de familias, grupos de amigos y excursionistas ávidos de consumir la montaña, de fotografiarse en sus riscos o junto a las aguas recién nacidas del río Manzanares, para poder incrustarlas en sus álbumes fotográficos donde se acumulan las instantáneas de los numerosos viajes turísticos que la sociedad de consumo insiste en recalcar como forma de vida apegada al conocimiento, confundiendo constante y deliberadamente al turista con el viajero, al conocedor del medio con el visitador compulsivo y adicto a la fotografía que atestigüe, como si de una inscripción en un pupitre o en la corteza de un árbol se tratase, un “yo estuve allí” del que poder presumir ante los amigos y la familia que no han tenido la dicha de visitar estos lugares provocando una envidia y un sentimiento de emulación en éstos que les hará visitar lugares para comenzar la competición por ver quién es el que más lugares guarda en su álbum.

Con otras motivaciones, no exentas de cierta sujeción a la moda, pero con un gran valor  educativo, numerosos autocares escolares se acercan, durante la semana lectiva, a la Pedriza del Manzanares a recorrer las partes más transitables y “urbanizadas” para que los alumnos tengan un contacto real, ahora que casi todos los aprendizajes son virtuales, de la vegetación y la fauna, de la orografía, de la historia y de la literatura inspirada en estos paisajes. Los docentes se empeñan en hacer confluir todas estas disciplinas en una observación directa sobre el terreno, siguiendo el modelo que comenzó con la Institución Libre de Enseñanza a finales del siglo XIX y que ha continuado, por lo beneficioso, educativo y divertido -hoy que hay que divertir enseñando- hasta nuestros días. Es beneficioso ya que la mayoría de los estudiantes que pertenecen a la gran urbe que es Madrid, no tienen contacto con el mundo rural y con las montañas debido a que el ocio promovido por las campañas publicitarias -verdaderas rectoras del modo actual de comportamiento humano- está más vinculado a su negocio (recuérdese que negocio no es más que negación del ocio), es decir, a incentivar un ocio vinculado al consumo, que provoque gasto en el ocioso y beneficio en el negocio, y este se encuentra, sobre todo, en las nuevas catedrales que son los centros comerciales. El mercado ha invadido también los recónditos lugares de la Pedriza del Manzanares, y es común que los estudiantes de bachillerato que se bajan de los autocares vayan pertrechados con un completo equipo de excursionista tipo, adquirido en la sección de “Montaña” o “Senderismo” de los comercios especializados de moda.

Sin embargo, el conocimiento de La Pedriza es muy reciente, y hasta hace no mucho más de cien años, muy pocos eran los que se adentraban por estos parajes y los que lo hacían eran los habitantes de los pueblos que la rodean, de Manzanares el Real, El Boalo o Matalpino, con sus ganados. Por ello, es necesario echar un vistazo a qué es lo que ha ocurrido durante el último siglo para comprender porqué La Pedriza del Manzanares es hoy un lugar concurrido además de por las gentes descritas más arriba, por una gran cantidad de amantes a la montaña, a la geografía, la botánica, la zoología, la historia, la literatura y la filosofía que, como los pioneros, se sienten atraídos por esta forma de vida y de conocimiento.

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