domingo, 6 de febrero de 2022

MARÍA ZAMBRANO: “UNA PARÁBOLA ÁRABE” Y “LA ATENCIÓN”

        Estos dos artículos, de octubre y noviembre de 1964 respectivamente, hacen referencia a elementos imprescindibles dentro del educar y del enseñar que merece la pena ser tenidos en cuenta. El segundo fue escrito para la revista Semana, perteneciente al Departamento de Instrucción Pública de Puerto Rico, con la que colaboró Zambrano durante su exilio. El primero es un manuscrito que había permanecido inédito hasta la publicación  en Diario 16 el 2 de junio de 1990. Ambos fueron recogidos en la obra titulada Filosofía y Educación. Manuscritos, editada por Ángel Casado y Juana Sánchez-Gey y publicado en la Editorial Ágora en el año 2007.

 



La parábola que Zambrano nos recuerda dice que un sultán encarga pintar las paredes enfrentadas de una de las salas de su palacio a pintores de Bizancio y China con la condición de que ninguno viera lo que el otro pintaba. Los chinos pintan una maravillosa escena. Los griegos no pintan nada, sólo pulen la superficie de la pared hasta convertirla en un espejo, donde se  refleja y magnifica el resultado de la pintura de la pared de enfrente. La conclusión que Zambrano nos aporta, dentro de muchas posibles interpretaciones, es la importancia del mirar, capaz de purificar, como el espejo bizantino, lo que en ese mirar se refleja.

 

En el artículo “La atención” Zambrano distingue entre la atención espontánea y la voluntaria. La primera es una atención que se ve atraída por diferentes estímulos, aportando claridad al que atiende de forma involuntaria. La segunda es una atención surgida de la concentración. La conjunción de los dos tipos de atención dará sus frutos en el que atiende porque atender, según nos recuerda María Zambrano, es vivir. La atención necesita ser educada pues necesita del conocimiento y de todas las energías propias del ser humano para que éste tome consciencia de sí mismo.

 

La importancia de estos dos artículos estriba en que Zambrano, gran conocedora del mundo educativo en general y muy preocupada por el educador en particular, nos propone fijar la atención en dos elementos claves para llegar a ser un buen educador, un buen transmisor no sólo de conocimientos,  sino de inquietudes, de preguntas aún sin responder, de respuestas fallidas, etc. Uno de estos elementos es fundamental desde el punto de vista filosófico: la mirada. La interpretación que Zambrano hace de la parábola entroniza la mirada como vehículo que propicia el éxito educativo. Según cómo nos posicionemos obtendremos una perspectiva (rememorando a Ortega) más o menos amplia. La educación no ha de ser otra cosa que un saber mirar, un  aprender a posicionar la mirada para alcanzar la perspectiva que nos permita ver el horizonte más amplio. El espejo purifica porque amplía, porque pule la realidad observada.

 

De igual manera, la mirada nos permitirá fijar nuestra atención en aquello que vemos. Cuanto más campo visual más campo donde fijar la atención. Cuantas más veces hayamos fijado la atención sobre más campo, más posibilidades tendremos de llegar a esos importantísimos descubrimientos de los que nos habla en su artículo, más vivencias tendremos, viviremos más plenamente. Y esa es una de las funciones que Zambrano atribuye a la educación, la de vivir plenamente, la de hacerse constantemente y la de descubrirse mientras se vive. No atender es no vivir porque no se usa la mirada, no se aplica a la realidad circundante y a la interior, impidiendo el desarrollo personal.

 

El educador debe cultivar, entre otros, estos elementos para llevar a buen puerto su labor educativa. Debe cultivarlo en sí mismo para poder inculcarlo en sus alumnos. Si la educación debe consistir en un ampliar la mirada y en un fijar la atención, es el propio educador el que debe partir de estos elementos y educar en un saber mirar y un saber fijar la atención. Tarea ardua, difícil, casi imposible de conseguir en las aulas masificadas, pero que debe ser la motivación fundamental con la que pase de la ausencia del silencio a la presencia de la palabra.


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