martes, 2 de abril de 2013

La escuela y los medios de comunicación


Que los medios de comunicación son un agente educativo parece estar, a estas alturas, fuera de toda duda. A diferencia de la escuela, su función educativa no está dirigida únicamente a los niños  y adolescente sino que se amplía al conjunto de la sociedad. Como señala Tedesco[1], sus mensajes van dirigidos a todos los públicos sin hacer distinción de edad o clase y la comprensión de los mismos presupone cierta socialización  primaria y el manejo de unos códigos que niños y adolescentes aún no son capaces de utilizar. De este modo, los medios de comunicación que distribuyen sus mensajes a través de televisión, radio, prensa escrita, Internet, etc., pero preferiblemente los que tienen a la imagen como medio principal de difusión, se han venido convirtiendo, en los últimos años, en agentes socializadores primarios ante la cada vez menor dedicación al cuidado de sus hijos de las familias que eran las que principalmente, hasta entonces, habían desempeñado esta tarea.

Los medios de comunicación se convierten, según esta visión, en agentes socializadores y educativos desde la más tierna infancia, creando un tipo de sujeto predispuesto a aceptar todo lo que desde ellos se le ofrece como verdad cuando aún no posee los mecanismos oportunos para llevar a cabo una labor de discriminación y selección de la información. El mundo es conocido a través de lo que los medios de comunicación nos cuentan. Para que el conocimiento quede fijado son de inestimable valor las imágenes televisivas. La televisión, las pantallas, son imprescindibles para hacer llegar las imágenes de lo real. Esto es lo que Baudrillard[2] llamó hiperrealidad, signos de lo real, aquello que precede a lo real. Estos signos son los que se pueden manipular, entremezclar y se construyen como realidad. Es la realidad producida que se consume como cualquier otro producto fabricado. Lo real producido, como señaló Guy Debord[3], se convierte en espectáculo. Por ello, los medios de comunicación se convierten en vehículos excepcionales para la transmisión de aquellos mensajes que construyan esos modelos de realidad a los que asociar unos valores determinados y unas pautas de comportamiento concretas.

Además, hay que señalar que los medios de comunicación están fuertemente introducidos en la “industria educativa”, de donde obtienen grandes beneficios económicos, de ahí su propio interés en constituirse en agentes educativos. Los grandes grupos mediáticos se afanan en agregar a sus holdings editoriales productoras de libros de texto escolares, fuente de ingresos poco despreciable (como el caso del Grupo Santillana y Alfaguara, perteneciente a Sogecable). El interés de los medios de comunicación por la educación es, en este sentido, doble: por un lado, los medios, como creadores de opinión y de valores, pueden encauzar al ciudadano hacia el consumo de determinada realidad producida que les produce beneficios económicos; por otro lado, su condición de grupos empresariales con volumen de negocio en diferentes campos de la economía hace que la educación no sea un sector desaprovechable.

Ante esta situación,  sería bueno establecer algún criterio que permitiera discernir cuándo se está haciendo un uso adecuado, tal como sostiene Tedesco, de los medios de comunicación como agentes educativos y cuándo los medios de comunicación están, simplemente, haciendo propaganda de aquello que les reporta beneficios. Lo ideal sería que los medios asumieran su rol educativo aceptando su responsabilidad en la sociedad ya que la educación compete a todos los ámbitos sociales.          
Pero lo ideal, casi siempre está reñido con lo real (y no digamos con lo hiperreal). La televisión o Internet  son, además de un medio de comunicación, un medio de transmisión de valores, de construcción de modelos de conducta. Si queremos que el sistema educativo se nutra de lo positivo que los medios de comunicación tienen que aportar habrá que diseñar un modo de adecuación entre ellos y la escuela para no tener que acabar aceptando, con Macluhan[4], que cuanta más información haya que procesar menos se sabrá. Si no tenemos en cuenta estos peligros, es posible que el propio sistema educativo acabe siendo un mero medio de comunicación al servicio del mercado. La educación es cosa de todos y los medios de comunicación deben asumir su responsabilidad para no convertirse en agentes deseducadores.


[1] Tedesco, J. C. El nuevo pacto educativo. Educación, competitividad y ciudadanía en la sociedad moderna. Anaya, Madrid, 1995. Página 41 y siguientes
[2] Baudrillard, J. Cultura y simulacro. Ed. Kairós. Barcelona 2008. Página 9.
[3] Debord, G. La sociedad del espectáculo. Ed Pre-textos, Valencia, 2008
[4] Riviere, M. El malentendido. Cómo nos educan los medios de comunicación. Icaria, Barcelona, 2003. He trabajado el ejemplar que se encuentra en la red: http://books.google.es/books?id=2pBkraIgeBIC&pg=PA9&dq=el+segundo+poder+margarita+rivi%C3%A8re&hl=es&ei=uSCzS97XDqaK4gamlsHhAg&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=2&ved=0CC8Q6AEwAQ#v=onepage&q&f=false

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