domingo, 2 de abril de 2017

“LA ENSEÑANZA DE UN SENTIDO CRÍTICO” por John Passmore

Este capítulo pertenece a la obra conjunta titulada Educación y desarrollo de la razón escrita, además de por el propio Passmore, por R.F. Dearden y otros autores, publicada en español en el año 1982. Es importante tener en cuenta la fecha de la traducción pues, en estos años, se comenzaba a hacer imperiosa la necesidad de reconstruir el sistema educativo español para amoldarlo a los vientos de cambio que la transición a la democracia había traído.

En este texto, Passmore va hilando con una precisión digna de un cirujano la necesidad y la dificultad de enseñar un sentido crítico en la escuela. Otorgándole a cada término su significado, diferenciando entre desarrollar destrezas o hábitos,  entre adoctrinamiento, entrenamiento o instrucción como métodos que la educación se ha apropiado, compone la idea fundamental de que para desarrollar un pensamiento crítico en los alumnos, para poder enseñar el sentido crítico, es necesario combinar la instrucción, esto es, la adquisición de conocimientos a la manera clásica de la tradición, con el cuestionamiento continuo sobre esa misma tradición, sobre su origen, sobre la ideología que fundamenta su enseñanza, pasando del ejercicio al problema, del entrenamiento a la crítica. Para ello, el propio profesor debe ser un ejemplo de actitud crítica, de cuestionamiento constructivo (creativo lo llama Passmore) sobre su propia labor y la de sus estudiantes. Passmore relaciona el tipo de sistema político con el tipo de crítica que es aceptado en cada sociedad, desarrollando aspectos críticos en sus ciudadanos sólo contra el que no se adapta a la opinión dominante. También, en las sociedades democráticas se intenta unificar al profesor y, por tanto, la enseñanza del sentido crítico. Lo que Passmore propone es enseñar una formación común a todos los estudiantes en las diferentes disciplinas pero haciendo hincapié en la necesidad de enseñar a ser críticos siendo críticos, de modo que en la búsqueda de razones que intenten fundamentar la crítica se lleve a cabo el aprendizaje no sólo de crítica sino de la materia a sobre la que se ejerce la crítica.

Creo que Passmore pone el dedo en la yaga cuando habla de la necesidad de desarrollar el sentido crítico, no sólo en los alumnos sino también, en el profesorado. Difícilmente podrá el profesor enseñar algo que desconoce, servir de ejemplo de una actividad que nunca practica. El profesor es una pieza fundamental para encender la llama del inconformismo que mueve toda crítica, toda búsqueda de explicaciones. Cuando la explicación canónica no acaba de convencer al que la recibe se hace necesaria la pesquisa, la búsqueda de errores y las nuevas salidas por las que escapar. El profesor ha de ser el incitador de la duda una vez que ha acabado la lección. Debe dejar puertas abiertas por las que dejar fluir el pensamiento y el aire. De este modo habrá no sólo instrucción sino también educación. Se aprenderá a aprender y a cuestionar lo aprendido en  una continua búsqueda de razones que fundamente la necesidad de su aprendizaje o de su olvido. Se entrará en el juego de aprender para después cuestionar, discernir y discriminar lo aprendido. Los alumnos así educados no serán simples depósitos de conocimientos más o menos formales, más o menos útiles, más o menos adoctrinadores. Tendrán como herramienta fundamental la capacidad de enjuiciar todo lo que les acaece, distinguiendo entre lo elegido y lo impuesto.


De la importancia fundamental del maestro y de su capacidad crítica se hace eco Passmore y señala una situación que no quiero pasar por alto. Es lo que llama el énfasis en la formación del profesorado en las sociedades democráticas. Al margen de los problemas reales que él señala,  se ha producido un agrandamiento del énfasis llegando a desarrollar unos estudios específicos de postgrado para la formación de profesores de todas las disciplinas y obligatorios para el desempeñó de esta profesión que ponen su atención no en la instrucción y el sentido crítico sino en el desarrollo de hábitos, competencias y destrezas por parte de profesores y alumnos, manteniendo criterios unificadores que impiden, en gran medida, el desarrollo del sentido crítico del profesor imprescindible para la transmisión hacia el alumnado. La formación del profesorado debería ir encaminada, a mi juicio, no en repartir una serie de técnicas o recetas psicopedagógicas que “faciliten” el trabajo diario sino a la comprensión de su propia labor a través de un ejercicio de razón crítica, ejercicio que ayudaría a concienciar al profesor sobre las implicaciones que su tarea conlleva. Se trata de conseguir un profesorado más consciente, conocedor de su ámbito de trabajo además de su propia disciplina, capaz de despertar ese mismo sentido crítico en sus alumnos independientemente de la materia que imparta. Para conseguirlo, la filosofía debe jugar un papel en los planes de estudio  de la formación del profesorado mucho mayor del  que ahora desempeña.

5 comentarios:

Laura Borcort dijo...

Es curioso que los derroteros por los que camina la innovación educativa no pongan a los docentes como objetivo "despertar en los alumnos el dolor de la lucidez" sino conseguir que la escuela se ponga al servicio de la sociedad.
https://www.youtube.com/watch?v=r2TD-D87Lkg

Enrique Olmedo dijo...

En su "mito" o alegoría de la caverna, Platón describe la ascensión del prisionero muy significativamente: "Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes[...] Y, si se lo llevaran de allí a la fuerza, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no lo dejaran antes de haberle arrastrado..." Aprender duele.

Enrique Olmedo dijo...

El extracto de la magnífica película es, simplemente, maravilloso.

Laura Borcort dijo...

No creo que el principal objetivo de la educación sea sacar a los alumnos de la caverna. No sé si lo ha sido alguna vez: "el cultivo de la ciencia me parece exigir especial valentía a ese respecto. La ciencia comercia con el saber, obtenido mediante la duda. Al tratar de impartir saber a todos sobre todas las cosas, aspira a hacer que todos los hombres duden. Ahora bien, la mayor parte de la población es mantenida por sus príncipes, terratenientes y clérigos en un vaho nacarado de supersticiones y consejas, que oculta sus maquinaciones. La miseria de la mayoría es antigua como la montaña, y desde el púlpito y la cátedra se la declara indestructible como esa montaña. " Bertolt Brecht, Vida de Galileo.

Enrique Olmedo dijo...

Gracias por este estimulante diálogo. Como bien dices, el objetivo de los sistemas educativos (que no de algunos educadores) no es sacar a los alumnos de la caverna, más bien, impedir que asomen la cabeza. Y, con Bertolt Brecht, una cosa es la aspiración que tenga el educador o la ciencia (deber ser) y otra bien distinta es lo que consigue (ser).