domingo, 6 de febrero de 2022

MARÍA ZAMBRANO: “UNA PARÁBOLA ÁRABE” Y “LA ATENCIÓN”

        Estos dos artículos, de octubre y noviembre de 1964 respectivamente, hacen referencia a elementos imprescindibles dentro del educar y del enseñar que merece la pena ser tenidos en cuenta. El segundo fue escrito para la revista Semana, perteneciente al Departamento de Instrucción Pública de Puerto Rico, con la que colaboró Zambrano durante su exilio. El primero es un manuscrito que había permanecido inédito hasta la publicación  en Diario 16 el 2 de junio de 1990. Ambos fueron recogidos en la obra titulada Filosofía y Educación. Manuscritos, editada por Ángel Casado y Juana Sánchez-Gey y publicado en la Editorial Ágora en el año 2007.

 



La parábola que Zambrano nos recuerda dice que un sultán encarga pintar las paredes enfrentadas de una de las salas de su palacio a pintores de Bizancio y China con la condición de que ninguno viera lo que el otro pintaba. Los chinos pintan una maravillosa escena. Los griegos no pintan nada, sólo pulen la superficie de la pared hasta convertirla en un espejo, donde se  refleja y magnifica el resultado de la pintura de la pared de enfrente. La conclusión que Zambrano nos aporta, dentro de muchas posibles interpretaciones, es la importancia del mirar, capaz de purificar, como el espejo bizantino, lo que en ese mirar se refleja.

 

En el artículo “La atención” Zambrano distingue entre la atención espontánea y la voluntaria. La primera es una atención que se ve atraída por diferentes estímulos, aportando claridad al que atiende de forma involuntaria. La segunda es una atención surgida de la concentración. La conjunción de los dos tipos de atención dará sus frutos en el que atiende porque atender, según nos recuerda María Zambrano, es vivir. La atención necesita ser educada pues necesita del conocimiento y de todas las energías propias del ser humano para que éste tome consciencia de sí mismo.

 

La importancia de estos dos artículos estriba en que Zambrano, gran conocedora del mundo educativo en general y muy preocupada por el educador en particular, nos propone fijar la atención en dos elementos claves para llegar a ser un buen educador, un buen transmisor no sólo de conocimientos,  sino de inquietudes, de preguntas aún sin responder, de respuestas fallidas, etc. Uno de estos elementos es fundamental desde el punto de vista filosófico: la mirada. La interpretación que Zambrano hace de la parábola entroniza la mirada como vehículo que propicia el éxito educativo. Según cómo nos posicionemos obtendremos una perspectiva (rememorando a Ortega) más o menos amplia. La educación no ha de ser otra cosa que un saber mirar, un  aprender a posicionar la mirada para alcanzar la perspectiva que nos permita ver el horizonte más amplio. El espejo purifica porque amplía, porque pule la realidad observada.

 

De igual manera, la mirada nos permitirá fijar nuestra atención en aquello que vemos. Cuanto más campo visual más campo donde fijar la atención. Cuantas más veces hayamos fijado la atención sobre más campo, más posibilidades tendremos de llegar a esos importantísimos descubrimientos de los que nos habla en su artículo, más vivencias tendremos, viviremos más plenamente. Y esa es una de las funciones que Zambrano atribuye a la educación, la de vivir plenamente, la de hacerse constantemente y la de descubrirse mientras se vive. No atender es no vivir porque no se usa la mirada, no se aplica a la realidad circundante y a la interior, impidiendo el desarrollo personal.

 

El educador debe cultivar, entre otros, estos elementos para llevar a buen puerto su labor educativa. Debe cultivarlo en sí mismo para poder inculcarlo en sus alumnos. Si la educación debe consistir en un ampliar la mirada y en un fijar la atención, es el propio educador el que debe partir de estos elementos y educar en un saber mirar y un saber fijar la atención. Tarea ardua, difícil, casi imposible de conseguir en las aulas masificadas, pero que debe ser la motivación fundamental con la que pase de la ausencia del silencio a la presencia de la palabra.


jueves, 20 de enero de 2022

Platón: La rosa púrpura de El Cairo (Woody Allen), o cómo salir de la caverna: el paso de la opinión al conocimiento y teoría de las ideas.

     Uno de los aspectos más destacados de la filosofía de Platón es el que se ha venido designando, a lo largo de la historia del pensamiento, con el término dualismo. Esto es así porque para Platón, el mundo se divide en lo sensible, al que pertenecen las cosas existentes y el mundo inteligible, al que pertenecen las ideas. Contra lo que pudiera parecer, el mundo verdaderamente real es el mundo de las ideas, el de la cosa en sí, mientras que el mundo sensible es el mundo de las cosas particulares que están en continuo cambio. Estas cosas del mundo sensible sólo son reales en la medida en que participan de las ideas, siendo éstas su causa o el modelo al cual imitan. Para llegar al verdadero conocimiento de la realidad es necesario iniciar un proceso de análisis que nos lleve del mundo de apariencia de lo real  que vemos en el mundo sensible, donde no hay conocimiento sino simple opinión (doxa) al mundo del conocimiento de las ideas (episteme) verdaderamente reales. Para ejemplificar esta “ascensión” en el conocimiento, Platón desarrolla alegóricamente el conocido “mito de la caverna”. El mito dice así:

            …Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en un plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en lo alto; y a lo largo del camino suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquéllos sus maravillas […] Pues bien, contempla ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.

-¡Qué extraña escena describes-dijo- y qué extraños prisioneros!

-Iguales que nosotros-dije- porque, en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos? […] Entonces no hay duda-dije yo- de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.[1]

    Aunque con algunos cortes, me he permitido transcribir el comienzo del mito para que se pueda comprobar toda la fuerza de lo que Platón nos plantea. Conocer será, pues, liberarse de las cadenas que nos hacen considerar como realidad las “sombras de los objetos fabricados” y ascender desde la caverna hacia exterior. Una vez allí se comprobará la realidad en toda su luminosidad. Después, habrá que descender de nuevo a liberar a todo aquel que esté dispuesto a liberarse de sus cadenas.

    Woody Allen, en “La rosa púrpura del Cairo” juega con todos estos elementos, entremezclando realidad y apariencia, con caverna a modo de sala de cine incluido. El argumento, en pocas líneas podría ser el siguiente: Una camarera tímida y frágil del New Jersey de la Gran Depresión, utiliza el cine como vía de escape de su vida gris, al lado de un marido que la golpea y que no le aporta nada. Después de quedar fascinada por la última película que estrenan en el cine de su barrio titulada “La rosa púrpura del Cairo” a la que acude en numerosas ocasiones, el protagonista, Tom Baxter, que ya se había fijado en ella, sale de la pantalla hacia el mundo real para conocerla. Ambos se enamoran, hasta que aparece el actor que interpreta a Tom en la vida real de la película, que también la seduce. Cuando personaje y actor desaparecen, Cecilia, vuelve a la oscuridad y a la soledad de la sala. La reflexión sobre realidad y ficción está servida.

    Woody Allen, con el fino humor que le caracteriza, lleva a cabo todo un ejercicio de reinterpretación del mito platónico, contraponiendo realidad y ficción por un lado y difuminando estos términos por otro lado. Como los esclavos de la caverna de Platón, los personajes de la película proyectada en la sala de cine de la película que nosotros estamos viendo creen vivir en la realidad y sólo cuando salen de la pantalla se percatan de que la realidad es otra muy distinta. Pero también, los espectadores del cine, acuden allí para evadirse de su propia realidad, incluida la propia Cecilia (¿no es una pura ficción la realidad que ella vive?) Como sostiene uno de los empresarios propietario de la película cuando se investiga lo ocurrido en aquel cine de New Jersey “la gente real desea una vida ficticia y los personajes de ficción una vida real”. Esta situación nos lleva a preguntarnos, con Platón, por la diferencia entre realidad y apariencia. ¿Es aquello que consideramos real verdaderamente real o es producto de las sombras del conocimiento? Recordemos que para Platón, conocer es “recordar” (reminiscencia) el mundo de las ideas, es decir, ascender hacia las ideas alejándose de las meras opiniones. De este modo, lo que ocurre dentro de la pantalla, es un simulacro de lo que ocurre fuera (que a su vez está dentro de la pantalla para nosotros). Así, el dinero de Tom no tiene valor en el mundo de Cecilia, o el champagne es gaseosa que aparenta ser champagne. Sin embargo, la paliza que le propina el marido de Cecilia a Tom Baxter es totalmente real, aunque no se despeina al recibirla. 

    Otra idea que conviene destacar es la de la libertad. Los personajes de película son esclavos de un guion, como los de la caverna, que no pueden salirse de lo escrito por el guionista (repárese en la idea de Dios-guionista que tanto le apasionó a Unamuno). Para Platón, sólo es libre aquel que llega al mundo de las ideas, es decir, el que rompe con el mundo de la apariencia y eso, precisamente, es lo que trata de conseguir Tom al salir de la pantalla. Así, la motivación de Tom no es otra que su atracción por Cecilia, su amor por ella (amor mitológico al estilo hollywoodiense). Sólo el amor puede guiar al protagonista en su ascensión hacia belleza, bondad y verdad. 

    Se podrían enumerar una infinidad de detalles que Woody Allen incluye de manera más o menos explícita en la composición de esta película, en algunas escenas y en algunos diálogos y que aquí sólo se señalan para invitar al lector a su reflexión, como por ejemplo, que el actor que interpreta a Tom Baxter, realmente no se llama como firma en las películas y que su vida es impostura para prosperar en el mundo cinematográfico; o que el refugio del huido Tom no sea otro lugar que un parque de atracciones (cerrado por temporada de invierno) y que, además, sea explorador de profesión; o que tanto el cura como el comunista del mundo de la película aparezcan con un libro en la mano. Los detalles son incontables y, como acostumbra Woody Allen, nada de lo que aparece en sus películas es causa del azar. 

    Con lo dicho, ¿podemos considerar a Platón como el antecedente a los hermanos Lumiere, como el verdadero inventor del cine, incluyendo la sala y el proyector?.

 



[1] PLATÓN, La República, Madrid, Alianza Editorial, 2006, pp. 405-407

 

miércoles, 12 de enero de 2022

Breve contextualización de la Apología de Sócrates de Platón

 La Apología de Sócrates que Platón escribe es un relato donde se cuenta el juicio al que fue sometido Sócrates que condujo a su condena a muerte por ingesta de cicuta.

¿Quién acusa a Sócrates?

Meleto: un joven poco conocido que representa a los poetas. Presenta la acusación por afán de notoriedad y por presión de Anito.

Anito: ciudadano pudiente y bien acomodado que en 409 a.C había sido acusado por el fracaso de la expedición a Pilos de la que se había encargado (aunque no como estratego), acusación de la que fue absuelto. Anito participó de la caída de los Treinta Tiranos. Llegó a ser arconte, es decir, gobernante. Representa a los artesanos y políticos.

Licón: orador de no mucho prestigio que solían ridiculizar habitualmente los poetas cómicos por cuestiones como tener una mujer extranjera y ser pobre. Representa a los oradores.

¿De qué le acusan?

·         Asebeia- Impiedad, no creer en los dioses de la ciudad (y por tanto, proponer otros nuevos)

·         Corromper a la juventud (la búsqueda de la verdad que Sócrates pretende necesita de la pregunta por lo que son las cosas (¿qué es la justicia?, ¿qué es el bien?, ¿qué es el amor?...) Esto implica que hay que poner en cuestión las definiciones dadas hasta ahora y buscar una definición universal válida para todo el que se pregunte por estas cuestiones. Como hace a los jóvenes dudar del saber tradicional, como los hace no ser conformistas e indagar sobre lo que las cosas realmente son a través de un proceso racional, los corrompe.

¿Por qué le acusan?

Parece claro que el verdadero objetivo era deshacerse de un personaje doblemente incómodo: un hombre que se consideraba demasiado comprometido con el régimen anterior y un librepensador que podía desestabilizar el nuevo rumbo político. En Atenas se acababa de restaurar la democracia, y la ciudad vivía todavía el tremendo trauma de la guerra del Peloponeso, (431-404 a.C.), las luchas de la oligarquía por hacerse con el poder y, sobre todo, el breve y terrorífico gobierno de los Treinta Tiranos (404-403). El proceso de Sócrates, que no simpatizaba demasiado con la democracia y que había sido maestro de Alcibíades y de Critias, el más violento de los oligarcas, se explica bastante bien en este contexto.

Estructura del diálogo

1.       Discurso principal (17a-35d)

a.       Exordio

b.      Respuesta a los viejos acusadores (15a-24b)

c.       Respuesta a las presentes acusaciones (24b-28ª)

d.      Retorno al prejuicio general: el valor de la misión socrática (28a-34b)

e.      Conclusión: no habrá súplicas emocionales de clemencia (34b-35d)

2.       Después del veredicto: Contrapropuesta de castigo.

3.       Después de la sentencia (38c-42a)

a.       A los que votaron por la pena de muerte (38c-39c)

b.      A los que votaron por la absolución (39e-42a) 

Comienza el diálogo con la distinción que hace Sócrates entre los nuevos (Meleto, Anito y Licón) y los viejos acusadores. A quien verdaderamente teme Sócrates es a los viejos, a los que se han opuesto a él durante toda su vida vertiendo acusaciones falsas sobre su persona. Cuando el Oráculo de Delfos le dice a Querefonte que Sócrates es el más sabio de la ciudad, Sócrates, sabedor de su ignorancia, acude a los que eran más famosos por su ignorancia. Primero acude a los políticos y de su diálogo con ellos concluye que no saben nada, ni siquiera que no saben nada. Después acude a los poetas y de sus diálogos con ellos concluye que no saben de lo que escriben, no escriben con conocimiento y que parecen más bien que lo hacen en trance divino. Por último, se dirige a los artesanos, que poseen saberes de los que Sócrates carece y comprueba que comenten el mismo error que los poetas: por el hecho de ser buenos en su oficio consideraban que entendía también las materias más elevadas, es decir, por saber de lo concreto y específico de su arte, pensaban que sabían de todo. El oráculo lleva razón. Nadie sabe nada y ni siquiera son conscientes de su ignorancia.

Por analogía asocia a los nuevos acusadores con estos tres acusadores como representantes de cada uno de los grupos que él investigó.

Después de esto, todos los temas que aparecen en la defensa:

La ignorancia de Sócrates: Al menos él sabe que nada sabe y no cree saber lo que ignora como lo creen los conciudadanos más ilustres. Es una ignorancia limitada porque como él mismo dice en 29b, sabe que hay una distinción objetiva entre el bien y el mal y que hay principios morales independientes de las diferentes opiniones de uno u otro individuo y la necesidad de descubrirlos es lo que hace que “no merezca la pena vivir una vida sin examen”.

Los poetas no pueden ser la fuente del conocimiento.

Intelectualismo moral: es mejor sufrir el mal que cometerlo. Obrar mal es malo no solo para quien padece la acción sino también para el que la lleva a cabo.

El filósofo no puede participar en política: si participas en política, siempre habrá una situación en la que obres injustamente. El filósofo actuará como el viajero que se resguarda de una tempestad detrás de una pared, contento de mantenerse libre de todo crimen y terminar su vida con la serenidad de una buena esperanza.

En definitiva, matar a Sócrates es matar el espíritu crítico y la libertad de pensamiento. No se adhiere al 100% a nada ni a nadie, siempre pone peros a todas las posiciones habituales y por eso es molesto y “poco de fiar”. No deja de ser alguien que denuncia todos los intereses particulares que se camuflan dentro del supuesto interés general. Lo que a Sócrates le importa es la verdad (aletheia como desvelamiento), lo universal que se oculta en lo particular, lo real que hay que descubrir (desvelar) en lo aparente.

jueves, 30 de diciembre de 2021

DEFENSA Y CONTRATAQUE DE LA FILOSOFÍA


    Ante el ataque y agravio que la LOMLOE supone para la Filosofía, (no solo como asignatura, la filosofía no es una asignatura más) la comunidad filosófica, en su práctica totalidad, ha salido al espacio público a poner de manifiesto su absoluto rechazo a lo que en ella se propone. La defensa inicial ha sido exigir,  como mínimo, UN CICLO DE TRES AÑOS DE ENSEÑANZAS FILOSÓFICAS EN 4º DE LA ESO (2 HORAS A LA SEMANA EN ÉTICA Y LA OPTATIVIDAD DE LA FILOSOFÍA CON 2 HORAS A LA SEMANA), 1º (4 HORAS A LA SEMANA EN FILOSOFÍA) Y 2º (4 HORAS A LA SEMANA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA Y 2 HORAS A LA SEMANA DE PSICOLOGÍA) DE BACHILLERATO.

    Pero, como la aprobación de la ley es inminente y la disposición a modificarla por parte del Secretario de Estado es nula, no queda más remedio que contratacar.

    Como lo que está en juego es la respuesta a la pregunta por ¿por qué es necesario un sistema educativo y qué fines debe perseguir?, y la filosofía es un saber radical que debe tender, entre otras cosas, a la transformación y mejora de las condiciones de vida de las personas, debemos tomar la palabra y recuperar el espacio que nos hemos ido dejando arrebatar por la pedagogía y demás gurús que elaboran los programas educativos. El ataque de la filosofía consistirá en cuestionar lo que hay para cambiar, lo que no funciona.

    En primer lugar, se hace necesaria una reducción de horas de Lengua y Matemáticas (entre otras) en el currículo. La mayoría de los estudiantes de ESO, cuando acaban, apenas salen sabiendo sumar y restar, y multiplicar y dividir con calculadora en lo concerniente a las matemáticas. Respecto a la Lengua, apenas salen sabiendo leer y escribir a duras penas, sin capacidad para leer reflexivamente un texto, sacar conclusiones y plasmarlas en un escrito coherente.  Desde primaria, se reservan 5 horas semanales a estas asignaturas para obtener tan pobres resultados. Esas horas deben ser ocupadas por la filosofía, que debe encargarse de impartir una asignatura obligatoria de lógica y otra de filosofía del lenguaje.

    En segundo lugar, es imprescindible la presencia de una asignatura de Ética obligatoria en todos los cursos de la ESO, con una programación de saberes acumulativos de Ética y Política que recojan un aumento progresivo del conocimiento impartido desde 1º a 4º.

    Por último, la Filosofía debe ser el eje vertebrador de toda la enseñanza secundaria y bachillerato. Sin reflexión sobre cada una de las asignaturas no hay comprensión de lo que en ellas se imparte. Sin comprensión de lo impartido, no hay aprendizaje. Sin aprendizaje, el sistema educativo pierde su sentido si lo que éste busca es, precisamente, formar personas con conocimientos y capacidad de resolver problemas de la vida real. Si su intención es otra, habrá que ponerlo de manifiesto y denunciarlo. 

    Pero la cosa no quedará ahí. Las reivindicaciones de vertebración deben llevarse a la primaria, donde es fundamental educar a los niños más pequeños en la reflexión, el debate dialogado y la capacidad de expresar con coherencia aquello que piensan.

    Para ello, también es necesario reclamar enseñar Lógica de igual manera en que se enseñan las matemáticas,. Igual que el niño entiende que 2+2=4 no se refiere a nada concreto y que tanto 2 como 4 son variables sustituibles por “2 sillas”, “2 personas”, “2 caramelos”… puede entender que si p entonces q, si se da p, se tiene que dar q y que p puede representar “llueve”, “hace frío”, “no estudio”… y q hacerlo con “el suelo se moja”, “cojo el abrigo”, “suspendo”... Cuanto antes quede esto claro, mejor para todos. Lo mismo para la estructura de las fórmulas bien formadas y las que no o falacias. Se puede estructurar un curso con infinidad de ejercicios donde se trabajen estos contenidos.

    Además, al igual que se aprende a realizar análisis morfológicos y sintácticos, se puede enseñar en qué consiste el sentido o la referencia de una palabra, por ir a lo más sencillo, análisis pragmático del lenguaje relacionando significado y acción o teoría de la interpretación. Rápidamente se pueden elaborar materiales y “libros de texto” a tal efecto.

    Si lo urgente es impedir que la Ley Educativa LOMLOE salga tal como aparece en el borrador, nuestra labor y nuestro compromiso no pueden quedarse solo ahí, hasta enero. Batallaremos para que esto no se convierta un posible pan para hoy y un nos vemos en la próxima ley educativa. Incluiremos a toda la ciudadanía en nuestra reivindicación (ya que esto es un problema social, no gremial como se ha intentado señalar). Si lo que encontramos en la actualidad son personas que nada leen, o que solo lo hacen de betsellers o de cuestiones completamente ajenas a “lo propio de los filósofos”, dirigiremos a ellos nuestra palabra. No solo el aula, sino también la plaza.

 

Humanidades y Ciencias


Aunque debiera ser un debate superado, como el debate de si predomina la razón o el sentimiento, o el de la mente o el cuerpo, etc., volvemos una y otra vez, en un eterno retorno de lo mismo, a tener que justificar la presencia de las humanidades en los sistemas educativos. El debate, muy simplista en su origen, supone que hay una diferencia radical entre las disciplinas del campo de las humanidades y las del campo de las ciencias, tanto en su forma de estudio como en su relevancia social, concediendo mayor importancia a las ciencias, claro está, que a las humanidades. El debate es simplista porque está fundamentado en un error categorial, a saber, que la interpretación del mundo sólo admite una vía, que a la verdad sólo se llega a través de las ciencias, e incluso, que la verdad es una y es inmutable.

Sin embargo, desde aquí defendemos que la cosa no es tan sencilla. Ciencia y humanidades no son tan separables como nos quieren hacer creer. La realidad permite que nos acerquemos a ella de muchas formas diferentes, poniendo la mirada en aspectos particulares. Como decía Aristóteles, el ser se dice de muchas formas. Ante un paisaje, supongamos las maravillosas vistas que se pueden disfrutar desde “La bola del mundo” en Navacerrada, un geógrafo pondrá su atención en las formaciones montañosas, en la meseta que se divisa; un geólogo tendrá su atención en el tipo de roca que encuentra, en el proceso de formación de las montañas, en la tectónica de placas, etc.; un botánico andará distraído observando el tipo de plantas que allí se encuentran, escasas debido a la altitud; el músico seguirá la armonía del viento, andante, moderato o alegro según la intensidad con la que éste sople; el pintor verá una infinidad de matices de color; el astrónomo determinará la estación del año por la posición del sol o de la luna, el meteorólogo estudiará la temperatura, la presión atmosférica o la formación de las nubes que desde allí se divisan; el esquiador analizará la calidad de la nieve, o se lamentará por su ausencia; el filósofo, si de verdad lo es, es posible que experimente todas las situaciones descritas y muchas más y todos ellos experimentarán un pequeño e inexplicable nudo en el estómago mientras contemplan el paisaje. Todos ellos están mirando lo mismo pero no están viendo lo mismo. Cuantas más miradas incorporemos a nuestro aprendizaje, más veremos, mejores explicaciones encontraremos a lo que nos rodea.

Si lo expuesto anteriormente parece obvio, nos encontramos con un paulatino desprestigio del valor de las humanidades clásicas en el sistema educativo actual, dando preponderancia a los saberes prácticos que las ciencias nos aportan, bajo el presupuesto de que los estudios han de ser útiles para la vida. Realmente, lo que subyace a esta intención, no es más que la adecuación del sistema educativo a la ley de la oferta y la demanda. Hay que recordar que el sistema educativo, tal como hoy lo conocemos, tiene su origen a finales del siglo XVIII y se desarrolla durante el siglo XIX, alcanzando su apogeo en el XX y lo que llevamos de XXI. Está fundamentado en el pensamiento roussoniano, aunque esconde, como el paisaje de más arriba, sus diferentes interpretaciones. La que aquí defendemos es la de que el origen del sistema educativo va de la mano de tres aspectos fundamentales: la fundación de los estados-nación que necesitan armar un discurso que justifique la creación de dichos estados para que llegue a toda la población que lo compone; la expansión del sistema capitalista de producción, que necesita cualificar a sus futuros empleados para que puedan llevar a cabo los trabajos que redunden en el beneficio de los oligarcas del momento, haciendo de la propia escuela una factoría más, una producción en cadena de mano de obra dócil y eficiente; la democracia liberal como forma de gobierno, que necesita la transformación del súbdito en ciudadano, sujeto conocedor de sus propios derechos y deberes.

Según cada momento histórico, las humanidades han ocupado un lugar u otro en los sistemas educativos. A medida que se ha ido desarrollando el capitalismo ha sido necesarios especializar los saberes, dando mayor importancia a los saberes científico-técnicos frente a los humanísticos, ya que el sistema necesita o bien mano de obra especializada en el desarrollo de actividades cualificadas concretas para el continuo progreso y un aumento paulatino del beneficio (el extrañamente llamado crecimiento, imprescindible para el mantenimiento del modelo económico) o bien de mano de obra no cualificada que ejecute mecánicamente los trabajos que no han podido ser supeditados a la máquina. Por ello, se ha ido prescindiendo de todo el armazón que las humanidades proporcionan a las mentes humanas, despojándolas de la capacidad crítica para convertirse en un utensilio más, en un recurso más. Las humanidades hablan de la persona como agente del conocimiento, implican todos los aspectos de esos conocimiento. Al igual que Newton era considerado un filósofo natural en lugar de un científico o Descartes no era considerado matemático sino filósofo, reivindicamos un modelo donde las parcelas de conocimiento no estén en compartimientos estanco sino interrelacionadas, donde las posiciones interesadamente enfrentadas, humanidades vs ciencias, se reconcilien y firmen un acuerdo de mutua colaboración. Si esto se llega a producir, si se produce un trabajo interdisciplinar, rápidamente veremos crecer jugosos frutos sobre robustas raíces. Y esto solo es posible incluyendo una asignatura de Filosofía de la Ciencia obligatoria para todos los estudiantes de la ESO y Bachillerato.

martes, 14 de diciembre de 2021

CONTRA "CONTRA LA DEFENSA (GREMIAL) DE LA FILOSOFÍA"

 El pasado 11 de diciembre se publicó un texto en el periódico digital The objective, que lleva por título "Contra la defensa (gremial) de la filosofía" que puede leerse en el enlace :

https://theobjective.com/elsubjetivo/zibaldone/2021-12-11/contra-la-defensa-gremial-de-la-filosofia/

El artículo busca más la polémica (que se hable de ello)  que argumentar contra la defensa “gremial” de la filosofía.  Lo que se “argumenta” sobre la filosofía en secundaria o bachillerato se puede decir de todas y cada una de las asignaturas del currículo, por ejemplo, cuando señalan “Que a un jovencito confuso le dé clases un Merlí (entiendo que esto es una connotación peyorativa del personaje) no quiere decir que después vaya a convertirse en un gran ensayista” puede reconvertirse en “que a un jovencito confuso le dé clase un Roger Penrose no quiere decir que después vaya a convertirse en un gran físico matemático” y así con la literatura, la economía, etc.  No creo que nadie del gremio de profesores de ESO y Bachillerato, a estas alturas, confunda la filosofía (buena o mala) con las asignaturas que se imparten en los sistemas educativos. Una cosa es la disciplina  y otra bien distinta cómo se aborda o se traduce la disciplina por parte del Ministerio o de las distintas comunidades autónomas. También esto es aplicable al resto de materias del currículo.

Por otro lado, que haya que reconsiderar el contenido de lo que se imparte en Historia de la filosofía, por ejemplo, y el modo en el que el profesor se ve obligado a impartirla por los parámetros (impuestos por la normativa ministerial) que la prueba de acceso a la universidad fija,  no quiere decir que su reforma pase por su desaparición o su eliminación de los currículos académicos.  También podríamos hablar del sentido del resto de asignaturas que componen el currículo de ESO y Bachillerato. Lo que ocurre es que eso es otra cuestión, que tiene más que ver con una discusión profunda de los fundamentos del sistema educativo y los fines que persigue que con la idea de si esta o aquella asignatura es realmente provechosa para el alumno que la cursa. Siendo analíticos y críticos, no podemos mezclar categorías diferentes para no incurrir en errores categoriales, por ejemplo, defensa de la Filosofía (¿así, en mayúscula, filosofía pura, buena, verdadera filosofía?) frente a una defensa gremial de la filosofía (¿defensa del puesto de trabajo del profesor de filosofía (como si fuera la de los trabajadores del metal en Cádiz), a los que, importándoles un carajo la FILOSOFÍA, solo buscan mantener su empleo, siendo la Filosofía un mero medio para su miserable fin, acomodados en su garbancero quehacer “prostitutivo” de la sacra Filosofía?) que parece que solo mezclan los autores del artículo.

Bien: ha habido, hay y habrá Filosofía por y a pesar de la Academia (la platónica y la actual de universidades e institutos). La Filosofía es independiente de la Escuela y de la Academia. No está de más, pese a esto, defender o exigir la existencia de instituciones donde se produzcan y promuevan las actividades propias de la Filosofía (o de cualquier otro ámbito del saber). De hecho, la Filosofía española ha sufrido como pocos países europeos la ausencia del amparo de esas instituciones, pues la universidad ha acogido más teología que Filosofía hasta casi finales del s. XX. En definitiva, la Filosofía no nos necesita ni a los autores de este artículo, ni a mí, ni a Adán para darse.

Entrando en la necesidad o no de la enseñanza filosofía en la ESO y Bachillerato, también hay que extremar el cuidado argumental, no sea que los argumentos que utilicemos para justificar la no necesidad de la filosofía en la secundaria, acaben sirviendo para justificar la desaparición de todas las asignaturas del sistema educativo y, con ello, la desaparición del derecho a la educación pública, gratuita y de calidad que tan reciente es en nuestro país (cuestión que cuenta con muchos adeptos en la actualidad).

Los autores del artículo señalan que en la asignatura Historia de la filosofía, con esa lista de nombres lejanos, no asegura ni mucho menos la buena salud y fecundidad de la disciplina, dando a entender que en las asignaturas de ciencias o matemáticas no se encuentra un componente historicista (se va al grano y se quita la hojarasca de la historia y el autor, fuera el cuándo, el dónde y el quién para quedarse solo con el qué y el cómo) y que la historicidad es el componente esencial de las asignaturas de filosofía. No es cierto. Esa afirmación solo pone de manifiesto el desconocimiento que los autores tienen de la actual reivindicación del “gremio” de profesores de filosofía de ESO y Bachillerato del que sí están dispuestos a escribir. Únicamente hay carácter histórico en la asignatura de 2º de Bachillerato que, curiosamente, lleva por nombre HISTORIA de la filosofía y que ha vuelto a ser incluida como materia troncal y obligatoria para todos los alumnos que cursen dicho nivel (otra cosa es la discusión sobre el número de horas que debe tener a la semana). No es eso lo que está en la reivindicación. Tanto la ética (en sus diferentes denominaciones) de 4º de la ESO (también la asignatura de Valores Éticos en 1º, 2º y 3º de la ESO) como la asignatura de Filosofía de 1º de Bachillerato (también la optativa de 4º de ESO) como la Psicología de 2º de Bachillerato atienden a aspectos sistemáticos y no históricos. En la asignatura de Ética se trabaja desde el cuestionamiento de conceptos como “Libertad”, “Justicia”, “Individuo”, “Sociedad”, “Autonomía-Heteronomía” “Derecho”, “Deber”, “Norma”, “Ley”, “Democracia”, “Ser humano”, “Humanidad”, y un largo etcétera. Desde ellos, se reconstruyen, casi a la manera del Menón, su modo de darse en nuestra sociedad actual, su importancia o falta de ella, su fundamentación. En la asignatura de Filosofía, tal como establecen las últimas leyes educativas, se tratan problemas y conceptos organizados en bloques temáticos: la pregunta por la filosofía y su sentido, la pregunta por la realidad (metafísica), por la posibilidad de conocerla (epistemología), la pregunta por el que pregunta (antropología)…Basta con mirar las Competencias, los Objetivos, los Estándares y los Criterios (ítems que pueden y deben ser revisados, criticados, reelaborados, cuestionados) recogidos en la Ley para confirmar que el carácter histórico brilla por su ausencia. Conceptos y teorías están a la base de las asignaturas vinculadas a la filosofía. Los autores no solo desconocen la reivindicación sino también el currículo actual en lo concerniente a la disciplina.

También dicen que los profesores, cuando se acomodan, no investigan, (¿claro ejemplo de un argumento (falacia) Ad Hominem?) convirtiéndose en (¿perversos?) desapasionados funcionarios de la materia que nada hacen por elaborar nuevos argumentos, (¿nuevas filosofías que pasen a la historia del pensamiento?) e ideas originales. Extrapolándolo a otras asignaturas: ¿Es el profesor de secundaria  de artes plásticas un artista?, ¿debe serlo?; ¿Es el profesor de secundaria de historia un historiador?, ¿Debe serlo?; ¿Elabora el profesor de secundaria de Física nuevas teorías físicas?, ¿Debe hacerlo?; ¿Es el profesor de secundaria  de matemáticas un productor de nuevos teoremas o un mero transmisor de los ya existentes? Que lo sea, aunque es un ideal al que se debe tender por principio (¿idealismo?), no es lo que lo define. El profesor de secundaria y bachillerato de filosofía tiene como cometido específico transmitir los conocimientos de la materia a sus alumnos y despertar en ellos, entre otras cosas y en la medida de lo posible, un interés apasionado por estas cuestiones que vaya más allá del mero resultado en la nota final. Desempeñan un rol específico dentro del sistema educativo. Es su obligación (laboral, contractual) cumplir con su función de transmitir los contenidos de su disciplina a los alumnos a los que ampara el derecho a la educación. Para eso están y ese es el motivo por el que reciben una remuneración económica. Lo demás, entra dentro del ámbito privado del personal docente.

Que sea verdad que, según dicen ustedes sobre una apreciación puramente subjetiva, no investiguen (acomodados como están en su funcionariado funcional) podría tener mucho que ver con el diseño de la jornada laboral del profesorado de secundaria. En la universidad, el profesor tiene repartida la jornada laboral en horas de docencia e investigación (esta última, cada vez más imposible pues se han aumentado las cargas de trabajo burocrático). Las horas de docencia universitaria son menos en comparación con las de ESO y  Bachillerato porque tienen una parte de su jornada, al menos formalmente, para la investigación. En la enseñanza media (el convenio de la educación privada aumenta todavía más las horas lectivas y de permanencia en el centro) el horario semanal del profesorado como funcionario se compone de 37,5 horas semanales que se desglosan en 30 h de obligada permanencia en el centro y 7,5h (de casa) para los deberes inherentes a la labor docente: preparación de clases, corrección de exámenes, etc. Las 30h de permanencia en el centro se desglosan en horario regular de 28 h equivalente a 30 periodos y horario no regular (claustro, evaluaciones, Consejo Escolar…) de 2 horas. Las 28 horas de horario regular se desglosan, con carácter general, en horario lectivo (con grupos de alumnos) de 20 periodos y horario complementario de 10 periodos (guardias, tutorías con padres, apoyo a Jefatura  de Estudios…) Es decir, la jornada se va sin contemplar ni un minuto a la investigación. A ello hay que sumar los diferentes cursos de formación que las comunidades autónomas exigen para la remuneración de trienios y sexenios que hay que realizar anualmente de forma obligatoria se quiere recibir ese complemento. Por no hablar de los problemas de toda índole y seriedad de los alumnos que, en función del grado de implicación de cada uno de los profesores, acaban llegando también al domicilio del docente. Aun así, gran parte del profesorado de enseñanzas medias realiza labores de investigación, elabora artículos, escribe libros, participa en eventos de carácter divulgativo en diferentes foros…todo ello, claro está, de forma totalmente altruista. Podría presentar una lista extensa, con nombres y apellidos, que pondría en entredicho esa afirmación que tiene más de opinión arbitraria que de argumento fundamentado.  Pero, los autores de este escrito exigen más al profesorado.

En fin, he leído y releído el artículo intentando encontrar algo de verdad en él y, francamente, no he dado con ella. Lo titulan “Contra la defensa (gremial) de la filosofía” pero, con ambigüedad pasmosa, la acaban medio defendiendo medio atacando si se contrapone a una defensa (la de verdad, la buena, la propia de los filósofos de pedigrí) de la Filosofía. Hay más opinión infundada que argumentación fundamentada. Hay, a mi modo de ver, más afán de aparecer, de aprovechar el escaparate, de fabricarse un espacio, de provocar, de llamar la atención, de irrumpir en la fiesta sin la invitación correspondiente, que de llegar hasta el final de lo que se sostiene. La cuestión es mucho más simple:

Para beneficio de todos, ¿Debe haber sistema educativo público y gratuito para todos? O bien respondemos sí o bien respondemos no. Yo digo sí. ¿Debe haber ética, filosofía e historia de la filosofía como un ciclo que abarque el último curso de la enseñanza obligatoria y los dos cursos del bachillerato? O sí o no. Yo, por beneficio de todos, digo sí. Solo habiendo este ciclo podremos discutir si se imparte de un modo u otro, si se incluyen unos contenidos y otros. Para discutir el modo de darse la filosofía, la filosofía debe darse dentro de los planes de estudio de ESO y Bachillerato. Todo lo demás, hueridad.


lunes, 29 de noviembre de 2021

DIVULGACIÓN FILOSÓFICA E INVESTIGACIÓN ACADÉMICA

Una tarea que la ciencia ha sabido llevar a cabo y que la mayoría de las personas dedicadas a la filosofía no ha llegado ni siquiera a atisbar es que la supervivencia de la racionalidad crítica holística que la filosofía practica solo se puede conseguir tratando de  que aquello que se tenga que decir o plantear también tiene que llegar a personas no especialistas, a neófitos interesados e inquietos que no se contenten con los argumentos enlatados que la industria cultural vende en el mercado. Si este punto no se tiene en cuenta, seremos como los esclavos de la caverna platónica que “por discernir con mayor penetración las sombras que por allí pasaban y acordarse mejor de cuáles entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto a otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder”. 

Para ello, cualquier aproximación que ponga en boca de la gente cuestiones relacionadas con nuestro quehacer debe ser tenida en cuenta. A menudo se oyen críticas de los filósofos y profesores de filosofía de productos comerciales como “Merlí” o “El mundo de Sofía”, como deformadores de la “verdadera filosofía”. Si el conocimiento que el espectador o el lector tenga de la filosofía se queda ahí, será un pobre balance. Pero no será culpa de él (puesto que ya habría conseguido girar la cabeza hacia los portadores de objetos fabricados y el fuego que produce la sombra) sino nuestra, por no haber sido capaces de ver el cambio producido y comenzar a arrastrarlo hacia cotas más altas de "filosofía verdadera". Es nuestro fracaso no bajar a la caverna, no el de los cautivos. Es ahí donde entramos nosotros en juego, donde debemos hacernos valer.

El ciudadano no filósofo solo puede acabar siéndolo si nos entiende y únicamente podrá hacerlo si nos atiende. Si llegar al rey filósofo se ha demostrado tan imposible como llegar a filósofo rey, el giro deberá consistir en conseguir aumentar el número de ciudadanos filósofos, es decir, ciudadanos capaces de discernir la verdad y la mentira de las informaciones que recibe y los diferentes grados en las que ambas se nos presentan a través de todos los medios de comunicación existentes. 

Lo anterior no supone un abandono de la filosofía académica, del trabajo que profesores universitarios e investigadores realizan y que es imprescindible para el desarrollo de nuestra disciplina. No se trata de “esto o aquello” sino de “esto y aquello”, dándole a la cópula todo su carácter engendrador. Son fases que conducen a un mismo objetivo: el mejoramiento de nuestra sociedad sobre la base del discurso racional que la filosofía propone y pone. Es indiscutiblemente necesario continuar con esta labor de investigación y profundización en el análisis de los textos clásicos y no tan clásicos. Es imprescindible que siga habiendo cientos de especialistas en Platón, Aristóteles, Kant, Hegel y un largo etcétera. Es este trabajo conservador del saber el único que nos puede poner en condiciones de realizar una praxis divulgativa de nuestras enseñanzas y aprendizajes. Para divulgar algo tenemos que tener algo que divulgar. De lo contrario, pronto nos veríamos publicando artículos y textos que no serían más que autoayuda o mala filosofía.

¿Qué debemos hacer a partir de lo que ya se ha hecho?

Tal como está la situación con la castración que la LOMLOE supone, necesitamos un plan de acción (de acciones) que nos posibilite ganar presencia social, abarcar mayores capas de ciudadanos que hoy en día están al margen de nuestras reflexiones. 

En ello ya se está trabajando desde hace muchos años en las diferentes asociaciones de las que muchos formamos parte: REf, APMF, SEPFI, AAFi y un largo etc. como instituciones, Esperanza Rodríguez, Enrique P. Mesa,  Manuel Sanlés, y un largo etc. como promotores y luchadores en esas instituciones nos han enseñado el camino y la forma que estas acciones deben tener. Ahora toca que el resto les resarzamos de la tremenda soledad en la que se han visto en infinidad de ocasiones, aportando todo nuestro saber hacer y capacidad de trabajo para complementar y ampliar sus esfuerzos beneficiándonos de todo su aprendizaje y del bagaje que han ido adquiriendo, sumando nuestras fuerzas a las suyas para que sirvan de inyección que nos vigorice a todos, los recién llegados y los veteranos. 

Para continuar y amplificar esta labor que no empieza desde cero, debemos hacer hincapié en la palabra compromiso. Un compromiso que todos nosotros debemos adoptar para con nuestra disciplina y su forma de entender la vida. Y el compromiso puede llevarse a cabo desde la presencia. Tenemos que hacer todo lo que esté en nuestras manos por aparecer en todos los lugares donde sea propicio el debate racional. Estar ojo avizor para que no se nos escape ningún giro de cabeza, ningún brillo del fuego reflejado en la pupila del que gira la cabeza. Solo estando presentes es posible presenciar estos detalles. Desde aquí es posible la movilización nuestra, de las personas con las que dialoguemos, una movilización que tiene que pretender arrastrar a la mayor cantidad de gente posible, no solo a los miembros de la academia o profesores de filosofía de ESO y Bachillerato y algunos alumnos que se sienten comprometidos con nosotros.

LO URGENTE.

Impedir que la Ley Educativa LOMLOE salga tal como aparece en el borrador debe ser la prioridad de lo que hagamos de aquí a enero. Todas las acciones que se han ido definiendo y perfilando (clases en las calles, domingos de twitter, charla en el Paraninfo de la Universidad Complutense, artículos publicados en prensa, performance, entrevistas en radio y televisión…) son iniciativas que nos están dando una gran visibilidad y la posibilidad de exponer argumentos contra la ley y la necesidad de modificarla. Hay que continuar con estas acciones, inventar otras nuevas, las que sean, pues el tiempo juega en nuestra contra. 

Pero nuestra labor y nuestro compromiso no puede quedar solo ahí, hasta enero. Tenemos que seguir actuando para que esto no se convierta en un “posible pan para hoy” y un “nos vemos en la próxima ley educativa”. Tenemos que incluir a la mayor cantidad de personas posible si queremos que no sea más que una reivindicación gremial y recurrente. Entre otras acciones que se pueden proponer:

  1. Socratizar, Sartrear la filosofía: Llevar la discusión y el diálogo a las plazas, buscar foros (charlas, conferencias, talleres, debates que pueden celebrarse en bibliotecas, ayuntamientos, centros culturales, librerías, cafés y bares de toda índole…) donde se hable de filosofía y donde se filosofe, sí no con excelencia sí con exceso. De la cantidad irá surgiendo la calidad. 

  2. Saturar las redes sociales con discusiones filosóficas en todos los sentidos: cuestionar la propia filosofía, defender su presencia en las aulas.

  3. Inundar las páginas web dedicadas a filosofía con artículos divulgativos, asequibles para un público no especializado que sienta prender la llama de la pregunta que no se deja responder con simplezas.

  4. Volver a los sofistas, a la palabra hablada. Necesitamos que el debate filosófico se lleve a cabo con la ciudadanía, que se discuta frente a frente con nuestros semejantes, que se fuerce al interlocutor a tener que dar razones de sus creencias.

  5. Sugerir a las bibliotecas que frecuentamos la compra de obras filosóficas (os sorprenderías algunos del caso que nos pueden llegar a hacer y es posible que os pidan que elaboréis una lista con títulos recomendables para comprar)

  6. Un etcétera infinito.

JEAN JACQUES ROUSSEAU. DEL CONTRATO SOCIAL.

  Me propongo analizar los conceptos básicos de voluntad general, atendiendo al proceso de formación de este concepto y su oposición con las...