jueves, 28 de mayo de 2026

HOBBES EL LEVIATÁN.

 



HOBBES.

EL LEVIATÁN. 

Voy a examinar el estado de naturaleza en Hobbes y su relación con la condición humana, atendiendo al estado de guerra perpetuo en el que se encuentra el hombre hasta que no pasa a un estadio superior o estado civil. También trataré de la concepción de libertad que Hobbes maneja así como de la concepción contractualista del estado hobbesiano necesaria para salir del estado de naturaleza. 

Para Hobbes el estado primitivo del ser humano es aquello que designa como estado de naturaleza. Este estado de naturaleza está fundamentado en la propia naturaleza del ser humano. Los hombres son iguales tanto corporal como intelectualmente por naturaleza. Las diferencias que entre ellos encontramos, aunque existen, son tan insignificantes que la mayor inteligencia o la mayor fuerza de unos individuos frente a otros no garantiza su supremacía. La unión de muchos débiles frente a uno o pocos fuertes produce la derrota del fuerte frente al débil. Esta igualdad de la naturaleza humana provoca la “igualdad de esperanza respecto a la consecución de nuestros fines[1]. Así, cuando diferentes hombres persiguen los mismos fines, de modo que su obtención sea incompatible para todos los hombres a la vez, se produce un estado de disputa y de guerra entre los hombres que luchan por su propio beneficio. Por ello, Hobbes defiende que en el estado de naturaleza, es decir, antes de que se establezca un gobierno que garantice el cumplimiento de las leyes que él mismo establece, hay tres motivos de discordia fundamentales que justifican el uso de la violencia de unos hombres contra otros:

1.    La discordia, que impulsa a los hombres a atacarse para lograr un beneficio propio.

2.    La competencia, que impulsa a los hombres a atacarse para lograr seguridad y

3.    La gloria que lo hace para ganar reputación frente a los otros. 

Como aún no está establecido un poder común que “atemorice a todo, se hallan en la condición o estado que se denomina de guerra; una guerra de todos contra todos”.  No es necesario que el hombre esté en perpetua lucha contra el resto sino que lo que Hobbes señala y a lo que le da más importancia es que en este estado, el hombre posee una predisposición manifiesta a la guerra. En este estado de guerra cada individuo hace aquello que cree conveniente para conservar su vida y, por tanto, cualquier acción esta justificada en aras de conseguirlo. Es por esto por lo que el estado de naturaleza es un estado de guerra. 

 En este estado no cabe hablar de acciones justas o injustas, de justicia o injusticia. Hablar de esto está fuera de lugar ya que, “...donde no hay poder común la ley no existe: donde no hay ley, no hay justicia.” Los conceptos de derecho, legalidad, justicia, etc. son conceptos que cobran sentido cuando se habla del hombre en sociedad, es decir, cuando están sujetos a un gobierno. Tampoco se puede hablar de propiedad ni de dominio, “...ni de distinción entre tuyo y mío...”. Al tratarse de un estado de guerra, lo que cada cual posea será el resultado de aquellos que haya podido tomar y lo poseerá hasta que otro se lo quite. 

Varias son las razones que Hobbes esgrime para que no se dé la guerra constantemente en el estado de naturaleza. Destacan, sobre todas, el temor a la muerte, el deseo de las cosas necesarias para una vida confortable y la esperanza de obtenerlas por medio del trabajo. Esto se debe a que la razón del hombre le lleva a crear normas consensuadas con el resto de los hombres. Estas normas son las leyes naturales. 

Hobbes distingue entre el derecho de naturaleza (ius naturale) o la libertad que cada cual tiene para usar su propio poder como crea conveniente en función de su propia conservación y la ley de naturaleza (lex naturalis) que prohíbe a un hombre atentar contra su propia vida o contra los medios de conservarla.  Además, concibe la libertad como la ausencia de impedimentos externos que impidan a cada cual hacer lo que quiera. De aquí se sigue que cada hombre tiene derecho a hacer lo que quiera, sin exclusión de invadir la libertad de los demás. Por esto, mientras se vive en el estado de naturaleza hay un estado de inseguridad, puesto que cada cual puede invadir la libertad del vecino. El fundamento del estado civil será garantizar la seguridad de los miembros del estado. Libertad, por tanto, significa para Hobbes ausencia de oposición (impedimentos externos). La libertad no está reñida con el temor. El temor a sufrir un castigo por el incumplimiento de una ley no condiciona, según Hobbes, la capacidad de decisión del hombre en libertad. Tampoco está reñida con la necesidad ya que “Dios, que ve y dispone de todas las cosas, ve también que la libertad del hombre, al hacer lo que quiere, va acompañada por la necesidad de hacer lo que Dios quiere...” Por ello, en el estado de naturaleza, el hombre, mediante su razón, llega a pactos con otros hombres renunciando a la libertad natural con el fin de sacar un provecho mayor, esto es, la paz. 

Hobbes señala dos leyes de la naturaleza fundamentales:

1.      Cada hombre debe esforzarse por la paz. Esta regla tiene dos fases: buscar la paz y seguirla y de no conseguirla, defendernos a nosotros mismos con todos los medios de la guerra a nuestro alcance.

2.      Mediante el consenso, cada hombre ha de estar dispuesto, mientras los demás lo estén, a disfrutar de tanta libertad en relación a los demás como los demás en relación con uno mismo.

        En este tipo de acuerdos está el origen del estado civil. El hombre, al establecer pactos que le resulten provechosos para conservar su vida, establece contratos de obligado cumplimiento. Estos contratos son el germen del estado civil. Para Hobbes, un contrato es una mutua transferencia de derechos. Ha de ser mutua para que las partes contratantes cedan unos derechos a cambio de recibir otros. Estas cesiones se realizan para recibir un beneficio mayor, es decir, uno cede parte de su libertar para recibir, por ejemplo, protección por parte del estado. El estado no busca el bien común de los ciudadanos sino que busca la protección de sus miembros. Los contratos o pactos entre los ciudadanos se convierten en leyes naturales que todos tienen que cumplir, sobre todo aquellos basados en el miedo. El poder político, ya esté compuesto por un soberano o por una asamblea de hombres, garantiza el cumplimiento de esas leyes naturales ya que de no hacerse el infractor incurriría en un delito y sería castigado por ello. El soberano es la garantía de que establezcan leyes de obligado cumplimiento para preservar la paz, para la mejor gestión de esa paz y para que en el caso de que se produzca la guerra gestionarla de la manera mas provechosa.

 Por tanto, y como conclusión, podemos observar cómo el modelo hobbesiano está basado en una concepción muy determinada de la naturaleza humana que a su vez determina su convivencia en sociedad. El hombre, en estado de naturaleza, es un ser que entra constantemente en conflicto con sus congéneres. Hay un continuo choque de intereses entre lo que los hombres quieren que le llevan a estar en continua disputa. Esta disputa le hace imposible dedicarse a la industria, la ganadería, la agricultura, etc. Sin el desarrollo de estas labores no se produce el progreso necesario para el desarrollo de los estados. Por tanto, es necesario que se establezcan este contrato entre los hombres en general y entre el pueblo y el soberano en particular, para que la paz esté asegurada en la mayor medida posible. Viviendo en paz el desarrollo será mas factible. 

El modelo que Hobbes defiende supone un estado de naturaleza que el mismo reconoce que no se ha dado en el tiempo. Es difícil de imaginar ese tipo de sociedad de todos contra todos donde no hay tregua. La concepción que Hobbes tiene del hombre es la de un ser egoísta que sólo está interesado en sí mismo y en su propia conservación. En ningún momento habla de la generosidad, el altruismo o cosas semejantes. Está muy presente los conceptos de lucha, de enfrentamiento. Es a partir de aquí de donde desarrolla su teoría política del soberano como garante de las leyes y del estado. El gobernado no puede actuar contra su gobernante porque el gobernado es el verdadero autor de la acción del gobernante, ya que para ello ha delegado parte de su libertad en él. Como vemos, el gobernante sale bien parado de esta situación. Su poder ha de ser absoluto para garantizar la paz, para rechazar violentamente cualquier conato de rebelión. En nombre de la paz y bajo el amparo de la espada garantizará el cumplimiento de las leyes.



[1] Las cursivas son extractos del texto original copiados literalmente del texto.

HOBBES EL LEVIATÁN.

  HOBBES. EL LEVIATÁN.   Voy a examinar el estado de naturaleza en Hobbes y su relación con la condición humana, atendiendo al estado de...